Todo buen amor tiene que doler
Y se viene a la memoria esos hermosos días previos a la final en los que el corazón y la mente andaban a mil revoluciones... Pasé por un Campín oscuro y supe que durante esas dos semanas mis pensamientos solo irían dirigidos hacia una sola cosa. Dos partidos más, muchachos. Dos partidos más y tocaríamos el cielo con las manos. Habíamos ganado heroicamente en Cali, pero ese tan solo era el preludio de la batalla que se avecinaba. Llegó aquella tarde de diciembre, el cielo azul era un buen presagio, pero los muchachos y el profe tendrían que batirse ante un estadio rojo. Hostil. Nos tiraron la tribuna encima. Era la forma de ver el mundo de ellos frente a la nuestra. Es ir a la guerra sin armas, diría Galeano. La embestida del rival, el dolor, la desesperación, la incertidumbre y la ansiedad. Digerir todas esas sensaciones en un lapso tan corto de tiempo en realidad es algo que raya con lo insano. Sí, es solo un juego. Pero quizá sea eso y algo más. Nos salvó la campana y terminó el prim...