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Mostrando entradas de 2024

El carpintero que estuvo a 13 minutos de cambiar al mundo

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  Se asomó por la ventana casi como si fuese un fantasma, la calle del frente estaba en completa normalidad: la casa de correos, el hogar de la señora H, la cervecería B... y un par de negocios más   se alzaban con elegancia. La serenidad flotaba bajo el cielo congelado de M... Volvió a su pequeña sala y se sentó en el sofá, cerró los ojos e intentó pensar en la nada, incluso parecía que lo estaba logrando; el hombre que partiría la Historia en dos -o en mil pedazos- había aprendido a controlar sus pulsaciones y pensamientos, ahora no solo era un mártir sino también un ser ultra metódico. Mañana a esta hora, la deidad debería dejar definitivamente este mundo. Un asesinato por deber. Un acto del amor más puro. La noche siguió siendo calma, el silencio estaba tranquilo, el bullicio de la vanaglorización de los lobos sería muy pronto. El humo del cigarrillo subía creando figurillas y a la mente de Georg vino algo como un destello, era el camino que lo había traído hasta aquí:...

Un ángel en la taberna

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Hay quienes dicen que hasta en el cielo hay reglas, y que por lo visto son bastante rígidas. Novato, aprendiz; el eslabón más bajo de la divinidad.  Hay quienes dicen que hasta en el cielo hay que trabajar. Y de que manera. Se le asignó un hombrecillo cualquiera, como si fuera más por desdén y mero trámite. Nuestro ángel, dócil y puro pero inexperto, debía ser el custodio y guardián de un tipo que hacía lo mismo que todos los demás: tratar de ganarse la vida en un mundo regido por ese semidios con forma de moneda y creado por el hombre. Un sujeto cualquiera en mundo que se rige por la eterna incertidumbre de esa extraña ilusión llamada existencia. Por lo demás, no era gran cosa.  Ser un ángel guardián si es un tanto bizarro como parece, es una labor extraña y de tiempo completo. Esta era la primera incursión del ángel por fuera del paraíso, ahora se encontraba en el mundo de los hombres del libre albedrío, seres en toda su pequeñez y con su limitada pero nada despreciable gran...

Todo queda en la montaña

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Ya era casi medio día y ellos no aparecían, lo que era algo bastante normal, pero había ese no sé qué, ese algo en el aire que se mezclaba con el aroma del cafetal y el triple 15. Eliza no le prestó mucha atención a ese erizar del espíritu, pues solo duró unos microsegundos. Tenía que apresurarse y agarrar la gallina, torcerle el inocente pescuezo y desplumar, desplumar como había hecho siempre. Al principio, cuando era pequeña, le pesó como un océano el tener que matar a tan linda criatura, pero pronto entendió que debía nadar en la realidad, aquí las cosas no son como en la ciudad. La sangre, las pulsaciones, el respirar afanado de la gallina... Todo ello significa la palabra realidad. Con el tiempo se convirtió en una sangre fría y metódica mata gallinas. Ya después del almuerzo salido del horno de barro, Eliza pensó nuevamente en sus primos, así como cuando se piensa de manera tan fugaz que parece un reflejo. Pensó en que, aunque ellos no eran remilgados, tenían sus ciertos gustos ...