La tienda de discos


Siempre digo que a la próxima le pediré una corta entrevista al dueño de la tienda de discos, así no más como por joder, pero entonces me termina dando de esa pereza mezclada con pena y mejor me hago el loco. Quizá después. Quién sabe.

Buena espalda que llaman. Se llenó el chuzo-que es más bien bastante pequeño-ubicado en el segundo piso del CC Omni-, en pleno centro de Bogotá, bla bla...

Dos parejas cuarentonas entraron una tras de otra. Parejas que emanaban una diferencia tan profunda entre ellas que daba entre risa y curiosidad. El man de la pareja (A) llegó con esa alegría que le daba a uno cuando le compraban un juguete. Paul McCartney era lo que buscaba. Ni idea qué disco compró (en vinilo), la verdad es que yo para los Beatles más bien poco, pero me gustó que entrara decidido a por el disco, a diferencia de aquellos que llegan, lo encuentran, lo tantean, se arrepienten, dan media vuelta y se van. 

La esposa de la pareja (A) estaba un tanto seria. Que digo un tanto, si musitó palabra, no la oí. Con su cara de revólver, parecía que estaba en la tienda y a la vez en otra parte. Altiva y aburrida, era como si estuviese diciéndose a sí misma: -este huevón cuando dejará de botar la plata en maricadas- o quién sabe. Nadie sabe nada. 

El man de la pareja (A) seguía preguntando por objetos de McCartney y del cuarteto de Liverpool. Gorras, pines, unos muñecos ahí con las guitarritas. No, mano. La verdad es que los putos Beatles, yo no sé. Una vez leí que era música como para salón comunal. No sé si sea cierto, ni quién lo dijo, ni a qué se refiera... pero igual le creo. 

La pareja (A) se esfumó, el tipo salió triunfante y la esposa, bueno, quién sabe qué tendrá esa mujer. Nadie sabe nada. 

Mientras tanto, la pareja (B) era mucho más intrigante. El man de la pareja (B) era bastante alto y la esposa más bien bajita. Ella tenía pinta de profesora medio hippie y ¡oh sorpresa!, resultó siéndolo. En este caso, era ella la que iba a comprar música. ¿Qué será que va a comprar? Siempre presto atención a eso. No es que me guste escuchar conversaciones ajenas, pero qué más se puede hacer en un espacio como de 4 x 5m -bueno yo de calcular tamaños no sé-  de todas formas, en un lugar así, imposible no prestarse al chisme. 

Paréntesis: Digo que las parejas (A) y (B) son de esposos porque qué más se puede pensar; pero quizá estén en unión libre, o sean poliamorosos, o divorciados de a medias, o lo que sea de las miles de cosas que hoy fluctúan. Como sea...

Para mi sorpresa -la verdad no sé bien el por qué de la sorpresa- la profesora buscaba cumbia y salsa (en vinilos), pidió los respectivos nombres -que ni idea- y se sumergió en el arte de escrudiñarlos, acariciarlos, tantearlos.

El man de la pareja (B) era bastante extraño, parecía extranjero no solo por su altura sino por su forma de hablar. Pero la vaina es que tampoco parecía extranjero. Ajá, quién sabe. Ya luego se supo que ambos venían de Miami, no sé si de vacaciones o qué, la verdad es que tampoco me interesa saber tanto, pero ahí estaban junto a mí rodeados de miles de discos. Es como una pequeña hermandad de incomprendidos. ¿En serio compras cds existiendo internet?... 

El dueño de la tienda, sagaz y con un cierto tufillo, de una se lanzó a preguntarles por donde viven o vivían en Miami: si en St I Don't Know; o si más bien vivían por la Avenue Who Knows. Como diría una conocida: estoy diciendo cualquier cosa. No se me quedaron en la mente los nombres reales de las calles y la verdad es que tampoco me interesa saber demasiado de ello.

¡No, no! No viven ni en St I Don't Know ni en la Avenue Who Knows (corrigió la profesora) ellos viven en la That Way Road. Allá doy clases a niños de primaria y también toco el trombón, la gaita y otros instrumentos más, dijo la profe con brillo en los ojos. Ah, la música...

Fascinante, pensé. ¡Mucho más interesante que la care revólver esa! El esposo también dijo que era músico, que tenían algunos proyectos andando y esto y lo otro, pero que ahora estaba aquí en Colombia viviendo en una casa rodante ¡EN UNA CASA RODANTE! Puta, aún más interesante. Qué pareja peculiar. Al parecer no es un aburrido matrimonio como el de la pareja (A).

Sin dejarse echar tierra, el dueño de la tienda les preguntó si conocían a un tal cosme fulanito o algo parecido. Ni idea. Nadie sabe nada. Resulta que el susodicho es el duro del circuito de la música latina, la cumbia y lo caribeño allá en Miami. -Dentro de poco yo seré la dura de la cumbia allá-, dijo con convicción la profe. Su naturalidad al decirlo me hizo creerle. 

Mientras tanto, en la tienda también estaba un tipo rarísimo, ya viejo, muy alto y con un aura difícil de interpretar. Parecía un druida o un nómada ¿Será que yo voy a ser como él de viejo buscando discos y discos? Imposible, es demasiado alto. El personaje preguntó por Cassettes ¡CASSETES! y la escena era un tanto surrealista: el druida entretenido indagando entre montañas de cassetes en pleno centro de Bogotá. -¿Tiene el Coda de Led Zeppelin en casette?- preguntó el anciano. -¡No! Pero lo tenemos en cd- le respondieron. Yo también tengo ese cd, pensé. Cómo olvidar ese temazo que es 'Poor Tom'.

En esas entró una chica y preguntó al dueño de la tienda si ya había llegado su disco. ¡No!, volvió a decir el dueño -por lo visto es un hombre de negativas, me dije- Ese disco llega el viernes o el lunes. La chica salió medio derrotada. 

Me dio curiosidad y le pregunté al dueño cuál era el disco que buscaba la chica... Uno de Guns N Roses, me respondió en tono alegrón. Guns N Roses, esas cosas se compran cuando uno tiene 16 años.

Con solo cuatro discos, los Guns alcanzaron la cima del mundo mundial y la verdad es que son unos discazos -especialmente los Use Your Illusion- y también hay que decir que el Chinese Democracy de Axl en solitario es una obra maestra. Ese álbum demoró 13 años en producirse. ¡¡Trece hijueputas años!!. Lo que es el tiempo. Pero valió la pena. 

Aquello era como el club de la serpiente de Rayuela. Un entramado de opiniones y disertaciones sobre la música y sobre tal y cuál disco, tal y cuál género y tal y cuál artista. Las opiniones van y vienen y se encuentran como las notas musicales en una métrica bien diseñada. Irónicamente, en la tienda no ponen música. Nunca lo he podido entender. Hermano, pon cualquiera de los miles de discos. Cómo carajos... En fin. 

Pero yo no estaba ahí para hacer etnografía, había llegado con una lista un tanto pírrica. No sé por qué, pero siempre me pasa que cuando llego a una tienda de discos, como que me bloqueo. De momento todos los nombres de discos que durante meses almaceno en mi cabeza se diluyen en un dos por tres. Por ello la lista hecha a último minuto. 

Vamos a ver: Slayer (no tengo ningún disco de ellos. Me gustaría cualquiera de los tres primeros: Show No Mercy, Hell Awaits o el Raining Blood); Amy Whinehouse, ¿Qué más se puede decir de ella? Una estrella predestinada a implosionar y convertirse en una enana blanca. 

Portishead y Massive Attack. Imprescindibles. En realidad fui únicamente a la tienda por ello. Pero como todo en la vida -menos mal- no siempre se tiene lo que se quiere. De Portishead estaba su álbum homónimo. Yo buscaba el Dummy o el Roseland NYC live (uno de los mejores discos en vivo de la historia en mi concepto). Pero bueno, peor es nada. 

Amigo, necesito el King of Limbs de Radiohead -albúm discutido, pero bastante bien logrado, hipnótico-. Junto a ese solo me falta el Pablo Honey y completo mi primera discografía. Quizás, quizás, quizás...

¿Qué tiene de Pink Floyd? Vea, necesito el Wish You We're Here o el Animals. Están los dos: el primero en edición de súper hiper mega lujo, es decir, a 200.000 mil pesos. Bueno, ese por ahora no. Usted sabe... 

También está el Animals: hermoso, lujoso, elegante. 70.000 pesos. Ah tiempos aquellos en que todo costaba menos. Bueno, dejémoslo ahí de opcionado.

¿Qué tiene de Gojira? -Quizá la mejor banda de metal de la actualidad y lo único rescatable de Francia- ... -No, hermano- me respondió -Esa banda es costosa, la gente se asusta al escuchar el precio -. Ah, ya. No me digas...

Quise preguntar por el 13 de Blur -uno de sus trabajos más conceptuales y profundos, desprovistos de la lucha contra Oasis- pero al final me dio pereza.

Como era de esperarse, el álbum The Car de los Arctic Monkeys no estaba. Hay que mandarlo a traer de Londres, Mombai, Panamá o quién sabe dónde. Discazo en todas sus letras. Elegancia, sobriedad y anti-pretención condensadas en una sutileza que solo la dan los años de curtiembre. 

Por joder pregunté por el Black Parade de My Chemical Romance. Álbum imprescindible para nosotros los noventeros con la conciencia medio desarrollada en los 2.000. 85 mil pesos. Nada mal. 

Se me olvidó preguntar por Deftones y Motorhead (Phill y Lemmy, saludos al cielo). Deftones tiene su no sé qué, suenan entre la nostalgia y lo irreconocible. Motorhead, banda sonora de un buen Jack Daniel's y los decibeles a tope. 

Bueno bueno, tráigame algo de Jimi Hendrix. Siempre lo había escuchado de reojo, pero no fue hasta esa noche a la orilla de la laguna de la Tota y al son de dos botellas de Havanna Club que caí justo en las redes de esa guitarra anarquista y espontánea. La laguna yacía serena e imponente bajo los tenues reflectores de unas estrellas poco vistas en Bogotá. Por momentos parecía que los solos de guitarra -no solo de Hendrix sino de Page y David Gilmour- se compagiban con cada molécula de la Tota. Diría nuestro gran amigo: es música diseñada para transitar el subidón. Listo, lo compro. Jimy Hendrix Live in Berkeley.

Qué otra cosa puedo llevar... Mmm, a ver. Bueno sí, ¿Tiene el Demon Days? Es de los pocos que me faltan de Gorillaz. ¿Quizá su disco más icónico? Quizás, quizás, quizás...

Elegante y contundente. El Demon Days tiene similitudes con la joya Kid A de Radiohead; similitudes tanto en lo estético como en lo sonoro. Si bien el disco es conocido por sus hits 'Feel Good Inc', 'Dirty Harry', 'El Mañana ' y 'Dare'; como siempre los tesoros ocultos son los más memorables: 'Last Living Souls', 'November Has Come', 'All Alone', 'O Green World' y el tema de temas 'Every Planet We Reach is Dead' son enigmáticos. Listo. Comprado.

Bueno, veci... ¿Y qué discos tiene en promoción? Ardua tarea. Es como encontrar la aguja en el pajar. La verdad es que muy pocos discos valen la pena dentro de esas cajas atiborradas de música que nadie quiere oir ni comprar. Pero de cuando en vez, alguna gema brilla de entre el olvido: Frank Sinatra ¿Por qué no? La maestría con la que usan los vientos es de esas cosas que uno denominaría sublimes. 'That's Life', 'This Town' o 'Somewhere in Your Hart' son temas para escuchar un domingo nublado junto a una copa de vino del D1. Sí, del D1. 

Qué más hay... A ver, mmm, Aerosmith, pero de ellos ya tengo varias cosas. Santana. Sí, me llevo este también. 15.000 pesos. Nada mal. Así es que es. A por lo económico.

Recuerdo por allá en el 2007 -cuando era más joven y definitivamente más estúpido- que me preguntaron si quería ir a ver a Santana en vivo. ¿Santana? No, papá. Aquí es solo Thrash metal del ruidoso... ¡Ay, Camilo!

Listo, me llevo estos. Veci, yo veré, hágame un descuento, ¿No?... El comercio mundial, las rutas y todo eso. Qué caro está todo. En el fondo es como si fuese una lucha invisible contra el Spotify y el desenfreno de la vida. Pero qué cara resulta la causa. 

La próxima semana llega el Mezzaine de Massive Attack, ahí se lo guardo. -Este man si que sabe trabajar las mentes-. Bueno, no lo vaya a vender, veci. Quién sabe cuándo vuelva, pero invariablemente uno siempre termina volviendo. Ahí estarán el dueño y su lugarteniente, año tras año, detrás de una pila de sonidos. ¿Serán padre e hijo? ¿Tío - sobrino?, ¿Amigo - enemigo? Siempre pelean con sutileza y eso los hace auténticos. 

De nuevo al caos de la urbe. Que me roben todo menos los discos. Aunque sería chistosa la escena post-hurto: -uy ñero, pille: Frank Sinatra- dirían, quién sabe si desconcertados, los amigos de lo ajeno. 

¿A quién le quedarán todos estos discos cuando yo no esté? A veces me asalta la pregunta como una salpicadura. Quién sabe. Nadie sabe nada. Mientras tanto, darle play ▶️.














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