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Una breve historia sobre vampiros

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Lo que ya se sabía entre rumores hace siglos, hoy es un tanto más público. Aunque parece que a casi nadie le importa. Los hilos del mundo los rige una élite supremacista, canibal, depredadora sexual de menores, satanista -esto hay que verlo con lupa- y la cual está completamente desquiciada. Ya nos lo habían dicho en películas, libros y demás... Muchos denominaban como teorías de la conspiración a los simples hechos fácticos: las logias, sus rituales, el infinito y desmedido amor por el dinero y, literal, la sed de sangre. No es que a ellos les importase esconderse del todo. Al fin y al cabo ¿Quién hará algo al respecto? Desclasificaron (apenas una parte) los archivos del agente sionista Epstein y entre la frivolidad, la era del tik tok, el individualismo exacerbado y la estupidez circundante por doquier, parece que a nadie le importa. Igual en junio hay mundial de fútbol en EEUU. Qué importa que la neo-gestapo mate ciudadanos a plena luz del día, que arresten niños de cinco años o que...

La libertad avanza

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Vientos de libertad avanzan por el patio de recreo y despensa de la élite cocainómana americana. No dejan empezar el año cuando nos enteramos -al estilo reality show- que en cualquier momento, un comando gringo llega, secuestra a un presidente de cualquier país y se van como si nada. Espectáculo fiel a esas películas de superhéroes que con tanto esmero hacen en Hollywood. Y ya está, de un solo tajo, se borra toda esa palabrería del Derecho Internacional, la soberanía, el Debido Proceso y bla bla bla. Vivimos en un mundo que es de hecho bastante simple: Si yo tengo los portaviones, las ojivas nucleares, los misiles intercontinentales y demás juguetes, entonces yo dictamino mi voluntad. Como el matoneador del colegio. ¿No te gustó? Embarrada. Qué le vamos hacer. Es el orden natural de las cosas. Si por el contrario, eres de uno de esos paisítos tropicales que los gringos no saben ni ubicar en el mapa, ni nombrar -como Columbia- ya valiste. Es la esencia de la democracia occidental del ...

Te hablo desde la prisión

Cinco mil pesos, algo así, quizá más, quizá menos. Algo tan estúpido desencadena en cosas aún más estupidas. Cuando menos lo pensé, me encontraba esposado -curioso- me dije; los grandes asesinos de esta y otras latitudes, cabalgando sobre su falta de escrúpulos, no solo no han sido nunca esposados, sino que son considerados como los grandes prohombres de la humanidad. Todo indica incluso que duermen tranquilos sobre la vorágine de cuerpos que han dejado a su paso. En fin, un vidrio roto, insultos van, insultos vienen. La adrenalina corre por cada tramo del cuerpo. Pensar con claridad se vuelve un tabú. Embriagado de una falsa hombría, le decía a mi oponente que no importaba las esposas, no importaba tenerlo todo en contra, podía acabar con él. Era un deber casi que moral. Taxista no es gente. Ya en la patrulla y en soledad, la calma volvió a mí. No dije nada, ni me mostré desafiante. La embarrada estaba hecha y me esperaba unas de las horas más surreales y difíciles. Supe que nos dirig...

Todo buen amor tiene que doler

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Y se viene a la memoria esos hermosos días previos a la final en los que el corazón y la mente andaban a mil revoluciones... Pasé por un Campín oscuro y supe que durante esas dos semanas mis pensamientos solo irían dirigidos hacia una sola cosa. Dos partidos más, muchachos. Dos partidos más y tocaríamos el cielo con las manos. Habíamos ganado heroicamente en Cali, pero ese tan solo era el preludio de la batalla que se avecinaba. Llegó aquella tarde de diciembre, el cielo azul era un buen presagio, pero los muchachos y el profe tendrían que batirse ante un estadio rojo. Hostil. Nos tiraron la tribuna encima. Era la forma de ver el mundo de ellos frente a la nuestra. Es ir a la guerra sin armas, diría Galeano. La embestida del rival, el dolor, la desesperación, la incertidumbre y la ansiedad. Digerir todas esas sensaciones en un lapso tan corto de tiempo en realidad es algo que raya con lo insano. Sí, es solo un juego. Pero quizá sea eso y algo más. Nos salvó la campana y terminó el prim...

Homenaje a las tiendas de barrio

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  Me niego a deshumanizarme y a ser eficazmente infeliz y mientras permanezco atiborrado como ganado, veo hacia la ventana y contemplo fuera de ella lo que es la libertad. Qué importa si estás a unas cuantas cuadras de casa (casi 200), igual tengo el gusto por caminar, caminar y no dejar de caminar, a veces, durante horas. Camino haciendo cálculos de la posible mejor ruta: pasar por la séptima, bajar por la 39, circundar el barrio la Soledad. Ya desde la Universidad Nacional hasta Fontibón, es mitad de la ganancia. Me deslizo como puedo entre los cuerpos de trabajadores, estudiantes y demás que permanecen férreos en su propósito de llegar rápido a sus destinos; en sus rostros se ve la fatiga junto al hábito de saber cómo soportar el estar atrapado en un pedazo de hojalata, casi que sin margen si quiera de respirar. Pero yo soy débil y termino bajándome como sea del transmilenio. La libertad me recibe con el bullicio de la jungla gris, permeada con el aire frío de esas tard...

El carpintero que estuvo a 13 minutos de cambiar al mundo

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  Se asomó por la ventana casi como si fuese un fantasma, la calle del frente estaba en completa normalidad: la casa de correos, el hogar de la señora H, la cervecería B... y un par de negocios más   se alzaban con elegancia. La serenidad flotaba bajo el cielo congelado de M... Volvió a su pequeña sala y se sentó en el sofá, cerró los ojos e intentó pensar en la nada, incluso parecía que lo estaba logrando; el hombre que partiría la Historia en dos -o en mil pedazos- había aprendido a controlar sus pulsaciones y pensamientos, ahora no solo era un mártir sino también un ser ultra metódico. Mañana a esta hora, la deidad debería dejar definitivamente este mundo. Un asesinato por deber. Un acto del amor más puro. La noche siguió siendo calma, el silencio estaba tranquilo, el bullicio de la vanaglorización de los lobos sería muy pronto. El humo del cigarrillo subía creando figurillas y a la mente de Georg vino algo como un destello, era el camino que lo había traído hasta aquí:...

Un ángel en la taberna

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Hay quienes dicen que hasta en el cielo hay reglas, y que por lo visto son bastante rígidas. Novato, aprendiz; el eslabón más bajo de la divinidad.  Hay quienes dicen que hasta en el cielo hay que trabajar. Y de que manera. Se le asignó un hombrecillo cualquiera, como si fuera más por desdén y mero trámite. Nuestro ángel, dócil y puro pero inexperto, debía ser el custodio y guardián de un tipo que hacía lo mismo que todos los demás: tratar de ganarse la vida en un mundo regido por ese semidios con forma de moneda y creado por el hombre. Un sujeto cualquiera en mundo que se rige por la eterna incertidumbre de esa extraña ilusión llamada existencia. Por lo demás, no era gran cosa.  Ser un ángel guardián si es un tanto bizarro como parece, es una labor extraña y de tiempo completo. Esta era la primera incursión del ángel por fuera del paraíso, ahora se encontraba en el mundo de los hombres del libre albedrío, seres en toda su pequeñez y con su limitada pero nada despreciable gran...