'O sole mio. A ti, Dios dinero
Dios dinero, Dios Miami. Tus yates, tus lujos y tus propiedades. Excéntrico de cuerpo y alma. Tú, parafernalia impostada, viñedo color sangre. Desde el jet privado me elevo sobre los pobres e insípidos mortales, más minúsculos que hormigas, ciegos de tanto ver hacia este radiante sol de oro y rubíes. Patéticas criaturas. No imaginarán si quiera tan suculentas sensaciones, sus ridículas papilas son un despropósito universal, incapaces de liberarse del yugo del ajiaco y de toda esa podredumbre propia del lumpen y la honradez. Rara palabra esa, sin significado alguno si quiera para reparar en ella.
Dios dinero: tus joyas, tus suites, tus manteles relucientes, el olor fresco de la imprenta, diamantes que adornan a la mujer de adorno. Devoción, fe, elevación de la parodia de mi espíritu hacia los estadios más altos del lavado de activos, los honorarios de la oscuridad y esa deliciosa alquimia que convierte la cocaína en preciados dólares.
Y puedo incinerar cuanto gato se pose solitario en las baldosas... y puedo destripar en imperioso frenesí. Si el Dios - dinero - está conmigo ¿Quién contra mí?, y muy cerca de la isla de Epstein me conceden su beneplácito para guiar a esta masa de balurdos, desagradecidos, desleales y cafres. Podré cambiar de convicciones, haber abrazado una idea y amanecido con otra, podré mimetizar mi verdadero rostro tras el antifaz de la decencia y todo porque solo a ti, oh Dios dinero, es a quien debo toda devoción, lealtad y sumisión. Ante ti me postro alzando el cáliz del fraude y comiendo del pan de la estafa.
No creas Dios dinero que he sido pagano, sabes que el fin justifica los medios. Si me ves vestido de blanco, rezando el rosario junto al calor de la familia jetset, entonces es porque así debe ser, pero no lo creas, que lo crean otros, que sean otros quienes traguen entero la manzana envenenada de mi mentira que es mi única verdad. La pantomima es necesaria, como el sacrificio de Abraham o el ejemplo de Caín y así pronto te construiré un templo en la Florida y luego moveré mi embajada de Tel Aviv a Jerusalén porque la gran bestia nos bendice y el Mossad igualmente bendice por medio de sus tétricas iglesias a nuestro pueblo de balurdos, desagradecidos, desleales y cafres muertos de hambre. Aguarda poco, Israel, que estos páramos y estas aguas valen mucho menos que el oro, los zafiros y los dólares de culto.
No creas Dios dinero que esta batalla en tu nombre la estoy llevando en soledad, detrás mío vienen hordas y hordas dispuestas a irradiar con su oscuridad cada estamento y rincón de esta finca. Que no haya centímetro vedado para la homofobia, la misoginia, el clasismo y la aporofobia... Que se destripe lo que deba ser destripado. Y les daré ministerios, y les daré poder y tu credo se extenderá en cada mente y la sangre será derramada siendo el vino que beberemos.
¡Oh Dios dinero! Me he preparado tanto: estafa tras estafa, argucia tras argucia, cliente tras cliente y ahora estoy listo para gobernar con el mazo de ignominia y la certeza de la ignorancia ¡Firmes por la mafia!
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Mientras tanto, nosotros los autoexcomulgados de esa pérfida religión orquestada desde Miami e Israel, nosotros los hijos del trabajo honesto, luchemos voto a voto, dignos ante el dinero y la narcoestética. Que todos los gatos de la patria maúllen fuerte. ¡Maúllen fuerte que vamos por la victoria!

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