Hasta entonces, amigo fiel
Florece, mi amigo. Florece en la tranquilidad y en aquel silencio compuesto del cantar de las aves y en el retumbar del viento; aquel que al golpear de frente al agrietado rostro, evoca otros tiempos y otras épocas en las que éramos libres y eternos.
Hoy todo es diferente, todo pesa. Todo duele. Pero es como debe ser. El perfecto diseño del sinsentido.
Y mientras tú te vas, te llevas consigo un pedacito de aquello llamado lealtad, algo tan escaso hoy en día que hace de tu partida un doble trago amargo.
Florece mi amigo que yo iré a rendir homenaje a tu lecho, siendo dócil y siervo de la naturaleza. Con tan poco enseñas tanto. Un espíritu indomable... Diría que incluso envidiable.
Y nunca quise que fuese la última vez, y mientras tanto yo siempre volvía y volvía y ahí te encontraba; me esperabas tras haber vencido cegueras, heridas de guerra, viajes indómitos y un sinfín de historias que solo los bohemios tendremos el honor de homenajear.
Florece porque eres mi amigo y así lo será hasta que las partículas del polvo de las estrellas no signifiquen nada. Quizá, y a eso me aferro, en algún lugar lejano y desconocido, tú y mi tío, mi abuelo, mi amiga Khate y todos los demás, podamos encontrarnos en un verde pasto tan reluciente que ni la vejez ni la juventud tendrían sentido. Otro plano en el que el amor sea verdaderamente recompensado. Otro plano en el que juntos veamos al horizonte siendo eternamente amigos...
¡Hasta entonces, gracias! ¡Amigo fiel!

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